viernes, 15 de febrero de 2008
jueves, 1 de noviembre de 2007
Carta abierta al país

Cuando el canal detelevisión"Chilevisión" se dedica a esparcir el veneno de laxenofobia
El país ha sido testigo de un nuevo atentado a la más mínima e imprescindible responsabilidad social y ética de un medio de comunicación masivo: el canal de televisión "Chilevisión", que el 29 de octubre a las 22 horas en su programa "Chile anónimo", se dedicó a esparcir sin tapujos el veneno de los prejuicios, los estereotipos y la xenofobia en contra de la comunidad inmigrante peruana, con la incontestable consecuencia de despertar en la población chilena las pasiones y discursos más egoístas y destructivas, los anti-valores y las actitudes irreflexivas de tipo chauvinistas y anti inmigratorias del todo peligrosas socialmente.
El nazi-fascismo europeo, los bestiales genocidios étnicos en la ex-Yugoslavia y la latencia de la deuda histórico-moral de los Estados–Nación de la región con nuestros pueblos originarios, emergida con fuerza en la actualidad, entre muchos otros ejemplos, muestran incontestablemente que la tentación de caer en estas actitudes y discursos para obtener dividendos inmediatos, trae inevitablemente aparejado el precio de rebajar la cultura y capacidad reflexiva de los ciudadanos, abonando el campo social para el surgimiento de toda clase de fenómenos insanos socialmente y, en este caso, obstaculizadores de la imprescindible integración regional sudamericana.Abandonando la mínima seriedad profesional periodística, una vez más, sin tapujos ni controles, se han falseado datos y tergiversado las realidades del fenómeno inmigratorio en Chile, dando la falsa imagen de que el sector precario de esta inmigración constituye su gran mayoría, generalizando situaciones de mala convivencia que sí existen pero que son sin ninguna duda minoritarias y constituyen casi una necesidad estadística.
¿Acaso no sería fácil encontrar casos similares a todos los exhibidos en este programa entre la comunidad chilena (y en cualquier otra)? ¿Y sería dable generalizarlos y presentarlos como representativos de la mayoría de los chilenos, como este programa ha hecho con total impunidad?¿Ignora Chilevisión que por cada inmigrante en Chile hay al menos tres chilenos en el exterior y que el intercambio migratorio beneficia neta e indudablemente a Chile en todos las esferas económicas y culturales? ¿Ignora el señor Sebastián Piñera, dueño del canal irresponsable, que esta actual inmigración es consecuencia de un modelo económico en Perú del que él mismo ha sido uno de los principales beneficiarios, enriqueciéndose a manos llenas con la precariedad de buena parte de ese pueblo? ¿Es ésta una muestra de su "vocación democrática", "de sus principios católicos", que espera extender al país si es elegido presidente? Dios nos guarde!!!
Ante este impresentable empobrecimiento ciudadano por parte del chauvinismo y la criminal irresponsabilidad social de Chilevisión, sólo cabe un llamado enérgico a su denuncia, y a apurar la promulgación de la urgente "Ley anti discriminación" que duerme en el Congreso desde 1998 y que permitirá castigar estos programas como lo que son: delitos.
Ricardo Jiménez A. es Sociólogo chileno
jueves, 25 de octubre de 2007
Reflexiones: ¿Lo tiro o lo guardo?

Coquimbano
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores (paños de cocina). Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo". Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por mes, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo.
¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los paños de cocina o repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las tapitas (chapitas) de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.
Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretes que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras linternas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la cocina desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posavasos y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a man o en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡No... que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah¡ No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas; no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares, de lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago por una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado...
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo". Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por mes, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo.
¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los paños de cocina o repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las tapitas (chapitas) de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.
Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretes que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras linternas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la cocina desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posavasos y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a man o en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡No... que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah¡ No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas; no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares, de lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago por una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado...
Eduardo Galeano: escritor uruguayo. Nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo.
lunes, 22 de octubre de 2007
Adolescentes quemados en centro Sename de Puerto Montt



Claro que no es la primera vez que pasa. Mi hijo de Segundo Medio lo vio en sus clases acerca de la Revolución Industrial: la explotación de niños y adolescentes, la pobreza, la miseria, la falta de una educación digna y acorde con las realidades sociales, y por supuesto, el peso completo del sanguinario brazo de la ley cuando los pobres posan sus ojos sobre lo que no que no es suyo.
Lo vemos o lo vivimos cada día, según nuestra experiencia de vida, cuando el pan, la paciencia, el trabajo, las exigencias diarias nos complican. Siento tanta rabia. Siento tanto dolor. No me cabe en la cabeza que jóvenes de mi país hayan muerto quemados y encerrados como animales. Yo pasé por la Plaza de Armas de Concepción cuarenta minutos después que Sebastián Acevedo se quemó por sus hijos Galo y María Candelaria frente a la Catedral. Iba a mis clases de Lengua y Civilización Francesa y no entendí que pasaba. Miraba y no entendía. Y cuando entendí no quería entender. Y el olor. Y el terror.
Algo parecido siento hoy cuando veo la mirada de los padres de los niños quemados. Es resignación eso que parece que se aloja más allá de la tristeza de sus ojos. Es como leer en sus pupilas que en algún momento algo así le tendría que pasar a ellos o a sus hijos.
Eso es lo que me asusta. Que uno se acostumbre a la iniquidad, al abuso, a la prepotencia de un secretario de estado que en las noticias de la mañana solicite comprensión, que notifique de un sumario; pero que dentro de ese traje caro no exista ni la mitad de exigencia de justicia y mano dura que aplican a los mapuches o a los comerciantes amulantes.
A mi, que gusta tanto la literatura, me queda claro de donde sacaban sus temas quienes escribieron El Lazarillo de Tormes en el siglo XVI o Germinal, de Emilio Zolá, no hace tanto tiempo atrás.
No sé que más decir. Sólo que uno se siente parte de la sensación de fracaso que queda en la espalda cuando dejamos que ocurran estas cosas.
viernes, 19 de octubre de 2007

La documentalista mapuche Jeannette Paillán, detenida en Italia por querer manifestarse contra Bachelet
La policía italiana detuvo a la documentalista mapuche Jeannette Paillán minutos antes de la llegada de la Presidenta Bachelet a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Roma, a las 10 de la mañana del 16 de octubre para impedir la realización de una protesta por la libertad de los presos políticos mapuche. Esta práctica de “limpieza preventiva”, es común en Chile donde para marchar, por ejemplo frente a La Moneda o por la Alameda, se debe pedir permiso, de acuerdo a leyes impuestas por la dictadura y aún vigentes. Fred Bennett, cuñado del sacerdote desaparecido Miguel Woodward fue detenido y agredido por carabineros este año en las afueras de la catedral de Santiago, el día del Tedeum de Fiestas Patrias, cuando esperaba entregar una carta a la presidenta. Sin embargo las detenciones sin mediar explicación ni diálogo no son tan comunes en Europa. Las organizaciones mapuche del exterior, representadas por Reynaldo Mariqueo, de Enlace Mapuche Internacional (Inglaterra), Jorge Calbucura, de Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu, (Suecia), Rodolfo Vejar, de Mapundial (Holanda) Millaray Waikian, de Aukiñ Wenteche (Suiza), y Gaston Lion (Comité Belga-América India (Bélgica), denuncian en una declaración pública dada a conocer el 17 de octubre, que ello se debe a recomendaciones emanadas de la propia Embajada chilena a los servicios de seguridad italianos sobre el trato a los simpatizantes de la causa mapuche acorde a su condición de potencial peligrosidad. Agresión a la libre expresión La policía introdujo rápidamente en vehículos civiles a la realizadora audiovisual (ganadora del Primer Premio Festival de las Naciones de Canadá por “Wallmapu”), y a otra activista que también portaba pancartas por la libertad de los presos políticos mapuche y las condujo a recintos policiales donde fueron amedrentadas verbalmente para ser posteriormente liberadas. La acción policial fue denunciada por las organizaciones mapuche del exterior como “una provocación y abierta agresión a la libre expresión cultural y democrática” e hicieron notar el contrasentido de la detención de una documentalista cuando la Presidenta Bachelet inaugurará en su visita un Festival de Cine Chileno e incluyó en su delegación a los cineastas Silvio Caiozzi, Boris Quercia, Luis Vera y Rodrigo Sepúlveda. La declaración de protesta demanda además una reacción del gobierno y de los colegas de Paillán, e incluye fotos del incidente policial. Estas organizaciones ya habían convocado a una Jornada de Solidaridad Internacional con el Pueblo Mapuche que se efectuará el próximo 26 de octubre. La movilización solidaria contradice asimismo las declaraciones de la Presidenta Bachelet negando la existencia en el país presos políticos mapuche. Han sido dos mujeres, la lonko Juana Calfunao y su hermana las que con una huelga de hambre de más de 63 días refutaron en la Cárcel de Temuco esas afirmaciones, logrando amplia solidaridad internacional y un pronunciamiento público del ex Juez Juan Guzmán, reconociendo su condición de presas políticas luego de visitarlas en prisión y conocer también su comunidad de origen. Luego de las públicas declaraciones del magistrado, conocido a nivel mundial por haber investigado los crímenes de Augusto Pinochet, y actualmente decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Mayor, las mujeres depusieron el 12 de octubre su huelga considerando alcanzado su objetivo. Sin embargo, el 10 de octubre, en la cárcel de Angol (Novena Región) y en El Manzano (Concepción, Octava Región) otros seis prisioneros mapuche Patricia Troncoso, José (Juan) Millalen, Héctor Llaitul, José Huenchunao y Jaime Marileo, e Iván Llanquileo, iniciaban una huelga de hambre. Esta vez las demandas son la desmilitarización de las zonas en conflicto por las recuperaciones de tierras usurpadas, actualmente reprimidas en forma sistemática, y la libertad de todos los presos políticos recluidos en penales de Angol, Temuco, Traiguén, Concepción (El Manzano), Santiago (Cárcel de Alta Seguridad), Victoria, Lautaro y Nueva Imperial.Ver entrevista a Jeannette Paillan sobre cine mapuche en http://www.antropologiavisual.cl/entrevista_paillan.htmPara unirse en el exterior a la Jornada de Solidaridad Internacional con el Pueblo Mapuche, los contactos son: Enlace Mapuche Internacional mapuche@mapuche-nation.org Jorge Calbucura calbucura@mapuche.info
jueves, 18 de octubre de 2007
"Los profesores somos parte de los trabajadores"
Jaime Gajardo, el nuevo presidente del Colegio de Profesores, reparte sus actividades como actual tesorero del gremio con su cargo en la directiva de la CUT. Por esta razón, dice que el sello de su mandato estará marcado por la convergencia de temas entre ambos. Su idea es salir de lo que atañe sólo a los docentes y hacer causa común con el resto de los trabajadores. "Los profesores no somos una burbuja, somos parte de los trabajadores. Hay aspectos que no vamos a cambiar por si solos, por ejemplo el tema de la reforma al sistema de pensiones. Por eso queremos respaldar las propuestas de la CUT".Sin embargo, sus propuestas deberán contrapesarse con las demás fuerzas políticas dentro del magisterio, ya que tanto la Concertación como la Alianza mantuvieron sus cupos -cuatro y dos respectivamente- siendo Fuerza Social, encabezado por Jorge Pavez el único que perdió un puesto en la dirigencia nacional quedando con tres cupos. El PC incluyó a cinco dirigentes de sus filas y el Partido Humanista, a uno.Ante las acusaciones de que abusa de las movilizaciones sociales, planteadas por el presidente que deja su cargo -Jorge Pavez, que asumirá la Tesorería- Gajardo asegura que sólo acudirá a ellas en caso de que sea necesario, aunque reconoce que será uno de los pilares de su dirigencia.Gajardo plantea la conciliación con la CUT, luego de que el presidente saliente se negara a pagar las cuotas gremiales antes de aclarar problemas en la rendición de cuentas. Gajardo asegura que los informes emanados desde la CUT son satisfactorios, por lo que "habría que saldar eso y reponer el pago, porque no está en la mente de nadie desafiliarse. Pensamos que ese problema tendría que solucionarse luego", dice.Otro lío de dinero que lo complica es la rendición de 127 millones de pesos desde el Colegio Metropolitano de Profesores, del que fue presidente, y por el cual -según lo expresó en La Nación Jorge Pavez- aún hay fallos por resolver.
Gajardo señaló que "ese es un tema zanjado, resuelto, que se produjo el año 2000, se hicieron todas las auditoras, los fallos han sido inapelables a favor mío. Creo que seguir reviviendo una situación cuando todos los organismos que tienen que ver con esto han zanjado el tema es restregar la herida", dijo el dirigente.Reforma a la evaluaciónGajardo también se ha mostrado partidario de modificar el actual proceso de evaluación docente. Según él, el proceso requiere cambios profundos. "Hay que rediseñarlo, para que se superen los vicios, se consideren los reclamos y que sea dentro de una carrera profesional, para que en los niveles más altos se instalen las personas más capacitadas, no como hoy que lo hacen los amigos de los alcaldes". Para esto, dice que insistirá en una negociación con el Ministerio de Educación y en el llamado a los profesores que no se han evaluado a que no entreguen sus portafolios el próximo año, aunque asegura que el magisterio "no va a ser conciliador, aún cuando pongamos el acento en lograr acuerdos. Lograremos conciliar posturas siempre y cuando se tomen en cuenta nuestros puntos".
La Nación. Katerinne Pavez
Es mejor morir antes de los setenta
Marcel Claude, economistaCuando Nicolás Eyzaguirre era ministro de Hacienda, dijo una frase esclarecedora “las AFP nos han esquilmado como en la guerra”.
Es difícil entender qué es lo que explica o quién permite que sólo seis organizaciones financieras, las AFP, administren a su regalado gusto US$ 100.000 millones (dos tercios del PIB chileno), cuyos propietarios son cerca de siete millones de trabajadores chilenos que tienen sus fondos previsionales depositados obligatoriamente en ellas, sin que por ello o por el amparo del sacrosanto derecho a la propiedad, éstos puedan tener alguna -aunque sea mínima- prerrogativa para decidir el destino, la administración, o el riegos que desean asumir. Manipulación de la información de por medio y sin el menor derecho a ser representados democráticamente en el directorio de estas instituciones financieras, los dueños de tanto dinero están a merced de las decisiones acertadas o erróneas de los dueños de las AFP.
Se hace alarde en Chile de la democracia consolidada que tenemos. Sin embargo, ello porque concurrimos a votar cada cierto tiempo por quienes nos dicen que debemos hacerlo, mientras las decisiones importantes como el uso y administración de los fondos de pensión es materia exclusiva de los dueños de las AFP.
Hasta 1974, existía en Chile lo que se denominaba el sistema de reparto, las antiguas cajas de previsión, que se basaba en un principio de solidaridad, según el cual, al fondo previsional aportaban tanto trabajadores como empresarios y en el que las nuevas generaciones, con sus pagos, financiaban las jubilaciones de los viejos. Así también, estos fondos se utilizaban en otro tipo de inversiones como la construcción y adquisición de viviendas dentro del país, por lo que contribuían al financiamiento de las necesidades internas.
A partir de ese año, en el nombre de la eficiencia económica y del profesionalismo de expertos en administración financiera, se desmantela el sistema de reparto y se instala uno de capitalización individual, basado fundamentalmente en el esfuerzo personal –por lo que los patrones no aportan- y en el que cada uno se rasca con sus propias uñas, nadie ayuda, cada uno debe proveerse su propia jubilación. Si no es posible, entonces el Estado asumirá la responsabilidad con una pensión mínima, siempre exigua y precaria. Por otra parte, las administradoras de estos fondos (AFP) pueden colocarlos en instrumentos financieros de alto riesgo, comprar acciones o adquirir depósitos a tasa fija, en Chile o en el extranjero. Ante lo cual, sus propietarios los trabajadores, no tienen más que asentir, callar, asumir y pagar el costo cuando las AFP se equivoquen.
Pero los resultados de tan maravillosa máquina de hacer dinero no han sido ni de cerca las promesas o mentiras libremente profesadas sin costo alguno para los responsables. En primer lugar, cerca de n 60% de lo trabajadores no tiene al día sus cotizaciones debido a la precariedad del empleo en Chile. Esto contribuye a que casi el 50% de los trabajadores no alcanzará a autofinanciar su pensión, equivalente al mínimo garantizado. Y, en muy corto plazo, el Estado deberá subsidiar más de la mitad de las pensiones.
Contrariamente a lo esperado y vociferado por las bellas promotoras de las AFP, las pensiones mínimas siguen y seguirán a cargo del Estado, es decir, de los impuestos que pagan abrumadoramente los mismos chilenos que financian el 30% de las utilidades de las AFP, mientras éstas le ofrecen a los que obtengan una pensión mayor a la mínima, una jubilación que es la mitad de la que hoy paga el antiguo sistema de reparto estatal. Éste es, finalmente, el reino de la estupidez, puesto que, los mismos trabajadores que no alcanzan a financiar sus pensiones mínimas con su trabajo, son los que le hacen las grandes utilidades a las AFP y, al mismo tiempo, deben financiar las pensiones mínimas con el IVA que pagan todos los días para comprar el pan y la leche. ¡Linda novelita rosa ésta de las AFP!
No obstante, las cosas pueden aún ser peores ya que la crisis financiera que ha experimentado la economía mundial en el último tiempo, ha hecho perder mucho dinero a las AFP. De acuerdo a la información entregada por Cenda, hacia fines de agosto las pérdidas acumuladas por los fondos de pensiones llegaban a más de siete mil millones de dólares, lo que equivale a más del doble del total de pagos previsionales realizados por los trabajadores en el 2006, es decir, toda la plata depositada por los chilenos el año pasado en los fondos de previsión se desvanecieron totalmente.
El sistema como instrumento para generar pensiones de jubilación dignas es un rotundo fracaso, pero, como negocio o máquina de hacer dinero ha resultado un éxito rotundo, con una rentabilidad promedio histórica y sistemática de 30%, es decir, uno de cada tres pesos depositado por los trabajadores en las AFP es acumulado como utilidad del negocio, es decir, es usurpado a los trabajadores. Digo usurpado puesto que no resulta legítimo obtener utilidades de un negocio que no cumple con entregar el servicio que promete, es decir, pensiones decentes. Es el típico negocio sucio y sin escrúpulos que huele a muerte, como el negocio de las armas en países pobres que se alimenta de la cizaña sembrada entre los líderes de tribus rivales. Obtener jugosas utilidades cuando los trabajadores en su gran mayoría no alcanzarán ni siquiera la pensión mínima, es un negocio a todas luces inmoral y sin la menor contemplación de norma ética alguna. Pero, no seamos ilusos, desde que el mundo es mundo, en todo tiempo y lugar, la única moral del dinero es el dinero.
Es tiempo de terminar con este sistema, reinstalar la lógica de la solidaridad y democratizar el uso y administración de los fondos de pensiones cuyos propietarios son nada menos que los trabajadores. De lo contrario será siempre mejor sin lugar a dudas -y si no queremos una vejez mísera- morir antes de los 70 años.
Es difícil entender qué es lo que explica o quién permite que sólo seis organizaciones financieras, las AFP, administren a su regalado gusto US$ 100.000 millones (dos tercios del PIB chileno), cuyos propietarios son cerca de siete millones de trabajadores chilenos que tienen sus fondos previsionales depositados obligatoriamente en ellas, sin que por ello o por el amparo del sacrosanto derecho a la propiedad, éstos puedan tener alguna -aunque sea mínima- prerrogativa para decidir el destino, la administración, o el riegos que desean asumir. Manipulación de la información de por medio y sin el menor derecho a ser representados democráticamente en el directorio de estas instituciones financieras, los dueños de tanto dinero están a merced de las decisiones acertadas o erróneas de los dueños de las AFP.
Se hace alarde en Chile de la democracia consolidada que tenemos. Sin embargo, ello porque concurrimos a votar cada cierto tiempo por quienes nos dicen que debemos hacerlo, mientras las decisiones importantes como el uso y administración de los fondos de pensión es materia exclusiva de los dueños de las AFP.
Hasta 1974, existía en Chile lo que se denominaba el sistema de reparto, las antiguas cajas de previsión, que se basaba en un principio de solidaridad, según el cual, al fondo previsional aportaban tanto trabajadores como empresarios y en el que las nuevas generaciones, con sus pagos, financiaban las jubilaciones de los viejos. Así también, estos fondos se utilizaban en otro tipo de inversiones como la construcción y adquisición de viviendas dentro del país, por lo que contribuían al financiamiento de las necesidades internas.
A partir de ese año, en el nombre de la eficiencia económica y del profesionalismo de expertos en administración financiera, se desmantela el sistema de reparto y se instala uno de capitalización individual, basado fundamentalmente en el esfuerzo personal –por lo que los patrones no aportan- y en el que cada uno se rasca con sus propias uñas, nadie ayuda, cada uno debe proveerse su propia jubilación. Si no es posible, entonces el Estado asumirá la responsabilidad con una pensión mínima, siempre exigua y precaria. Por otra parte, las administradoras de estos fondos (AFP) pueden colocarlos en instrumentos financieros de alto riesgo, comprar acciones o adquirir depósitos a tasa fija, en Chile o en el extranjero. Ante lo cual, sus propietarios los trabajadores, no tienen más que asentir, callar, asumir y pagar el costo cuando las AFP se equivoquen.
Pero los resultados de tan maravillosa máquina de hacer dinero no han sido ni de cerca las promesas o mentiras libremente profesadas sin costo alguno para los responsables. En primer lugar, cerca de n 60% de lo trabajadores no tiene al día sus cotizaciones debido a la precariedad del empleo en Chile. Esto contribuye a que casi el 50% de los trabajadores no alcanzará a autofinanciar su pensión, equivalente al mínimo garantizado. Y, en muy corto plazo, el Estado deberá subsidiar más de la mitad de las pensiones.
Contrariamente a lo esperado y vociferado por las bellas promotoras de las AFP, las pensiones mínimas siguen y seguirán a cargo del Estado, es decir, de los impuestos que pagan abrumadoramente los mismos chilenos que financian el 30% de las utilidades de las AFP, mientras éstas le ofrecen a los que obtengan una pensión mayor a la mínima, una jubilación que es la mitad de la que hoy paga el antiguo sistema de reparto estatal. Éste es, finalmente, el reino de la estupidez, puesto que, los mismos trabajadores que no alcanzan a financiar sus pensiones mínimas con su trabajo, son los que le hacen las grandes utilidades a las AFP y, al mismo tiempo, deben financiar las pensiones mínimas con el IVA que pagan todos los días para comprar el pan y la leche. ¡Linda novelita rosa ésta de las AFP!
No obstante, las cosas pueden aún ser peores ya que la crisis financiera que ha experimentado la economía mundial en el último tiempo, ha hecho perder mucho dinero a las AFP. De acuerdo a la información entregada por Cenda, hacia fines de agosto las pérdidas acumuladas por los fondos de pensiones llegaban a más de siete mil millones de dólares, lo que equivale a más del doble del total de pagos previsionales realizados por los trabajadores en el 2006, es decir, toda la plata depositada por los chilenos el año pasado en los fondos de previsión se desvanecieron totalmente.
El sistema como instrumento para generar pensiones de jubilación dignas es un rotundo fracaso, pero, como negocio o máquina de hacer dinero ha resultado un éxito rotundo, con una rentabilidad promedio histórica y sistemática de 30%, es decir, uno de cada tres pesos depositado por los trabajadores en las AFP es acumulado como utilidad del negocio, es decir, es usurpado a los trabajadores. Digo usurpado puesto que no resulta legítimo obtener utilidades de un negocio que no cumple con entregar el servicio que promete, es decir, pensiones decentes. Es el típico negocio sucio y sin escrúpulos que huele a muerte, como el negocio de las armas en países pobres que se alimenta de la cizaña sembrada entre los líderes de tribus rivales. Obtener jugosas utilidades cuando los trabajadores en su gran mayoría no alcanzarán ni siquiera la pensión mínima, es un negocio a todas luces inmoral y sin la menor contemplación de norma ética alguna. Pero, no seamos ilusos, desde que el mundo es mundo, en todo tiempo y lugar, la única moral del dinero es el dinero.
Es tiempo de terminar con este sistema, reinstalar la lógica de la solidaridad y democratizar el uso y administración de los fondos de pensiones cuyos propietarios son nada menos que los trabajadores. De lo contrario será siempre mejor sin lugar a dudas -y si no queremos una vejez mísera- morir antes de los 70 años.
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